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¿Cuál es el estado del sector turístico? Desafíos y palancas de recuperación

Rectangules
27 de septiembre de 2021

NUESTROS EXPERTOS:

Tiempo de lectura
6 minutos

Edición editorial:

Juan F.Samaniego

La crisis generada por la pandemia se ha cebado en particular con el sector turístico. Tras un 2020 complicado, los datos del verano de 2021 invitan al optimismo y marcan el camino de la recuperación. Sin embargo, la industria que emerge tras el golpe del COVID-19 ha cambiado, aunque sigue teniendo que hacer frente a muchos de los mismos riesgos que estaban presentes antes de la pandemia.

En el Día Mundial del Turismo, analizamos el estado de un sector clave para la economía global y, en particular, para la española. Un sector que recupera el pulso a medida que avanza la vacunación y las restricciones sanitarias se relajan y cuya recuperación girará en torno a la sostenibilidad, la digitalización, la innovación y la capacidad para atraer talento que marque la diferencia.

Un 2020 para olvidar

En marzo de 2020, tras la declaración de la Organización Mundial de la Salud calificando el COVID-19 de pandemia, la economía mundial se paró. Durante los meses posteriores, el tráfico internacional y nacional se desplomó y muchos negocios cerraron sus puertas mientras la cuenta de contagiados y fallecidos por la nueva enfermedad subía sin freno. Para cuando llegó el verano en el hemisferio norte, la situación estaba más controlada, pero la pandemia estaba lejos de haberse superado. Y el sector turístico fue uno de los que más sufrió el impacto de esta situación.

Durante 2020, a nivel global se registraron 1.000 millones de viajeros menos que en 2020 (cuando el total rozó los 1.500 millones). Según estos datos, de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el volumen del turismo internacional cayó un 74%, una cifra que nunca antes se había registrado. Durante la crisis financiera de 2008, el descenso de los viajeros fue del 4%. En términos económicos, la pandemia supuso una pérdida de ingresos de más de 3,8 billones de euros, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo.

La facturación del sector en España pasó de los casi 92.000 millones (un 12,4% del PIB) a algo menos de 20.000 millones (apenas un 5% del PIB).

En España, que en 2019 fue el segundo país del mundo que más turistas extranjeros recibió, según la OMT, el impacto fue todavía más notable. En 2020, llegaron a nuestro país 19 millones de viajeros del extranjero, un 77,3% menos que el año anterior, cuando recibimos casi 84 millones. Esto supuso, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, un desplome de ingresos sin precedentes. La facturación del sector pasó de los casi 92.000 millones (un 12,4% del PIB) a algo menos de 20.000 millones (apenas un 5% del PIB).

Además de la pandemia, durante los últimos dos años ha quedado patente la importancia de los riesgos climáticos y asociados a desastres naturales. Durante 2020, el sector hizo frente a una temporada de huracanes particularmente intensa que castigó a la industria en la región del Caribe. En lo que llevamos de 2021, la actividad ciclónica también se ha mantenido más alta de lo normal. Además, este verano el sector ha tenido que hacer frente a importantes incendios forestales en algunas zonas que atraen a miles de turistas, como Grecia o Turquía en el Mediterráneo.

Los números de la recuperación en el sector turístico

A pesar de que la pandemia todavía no ha pasado y la vacunación avanza a ritmos muy desiguales en todo el mundo, ciertos datos invitan al optimismo:

  • El tráfico aéreo en Europa recuperó el pasado mes de agosto el 71% de los niveles de 2019. En España, se recuperaron más del 90% de los vuelos nacionales previos a la pandemia.
  • En julio llegaron a España un 78% más de turistas internacionales que en el mismo mes de 2020.
  • Aun así, el protagonista este verano ha sido el mercado nacional, que ha impulsado la ocupación hotelera. La Costa Brava llegó a superar el 95% de ocupación en agosto y en Ibiza o Málaga se rozó el 80%.
  • A nivel internacional, el Caribe muestra una fuerte recuperación. República Dominicana recibió en agosto casi medio millón de turistas internacionales (niveles similares a antes de la pandemia). México recuperó en el mes de julio más del 80% de los viajeros recibidos en 2019.

Riesgos y desafíos del turismo a corto plazo

Tras año y medio de pandemia, la situación sanitaria en España y Europa invita a cierto optimismo gracias al avance de la vacunación, aunque todavía estamos lejos de recuperar la normalidad plena. El sector turístico espera con los brazos abiertos una recuperación que vendrá de la mano de nuevas tendencias y desafíos para la industria.

En la actualidad, tras 18 meses de pandemia, los turistas buscan tranquilidad y seguridad. El sector deberá ser capaz de manejar la carga emocional de la crisis que acabamos de atravesar y priorizar el cuidado de la salud y la seguridad. Además, el turista está cada vez más concienciado y demanda un sector que respete el medioambiente, cuide su entorno social y fomente el fortalecimiento de la economía local. El turismo sostenible ha dejado de ser una opción más en el abanico de ofertas para convertirse en una obligación; una que marca también el camino para asegurar la viabilidad y la rentabilidad de la industria turística a largo plazo.

Por otro lado, el sector debe atender a las demandas de los diferentes tipos de turismo, ya que no todos se están recuperando de igual manera. Por ejemplo, el turismo familiar ha vuelto con fuerza a niveles cercanos a los de antes de la pandemia, mientras el turismo de negocios no ha vuelto a crecer igual por el aumento del teletrabajo y de los encuentros virtuales.

La recuperación del sector girará en torno a cinco palancas de activación en los que la industria aseguradora juega también un papel central.

En este contexto, y tal cómo se debatió en la XVI edición de la jornada anual “Gestión de riesgos en el sector turístico” organizada por Willis Towers Watson y Hosteltur, la recuperación del sector girará en torno a cinco ejes clave o palancas de activación en los que la industria aseguradora juega también un papel central.

  1. Gestión financiera para optimizar costes y minimizar riesgos. Gracias al conocimiento que aporta el análisis de datos, es posible tomar mejores decisiones, estudiar los riesgos de la actividad con mayor nivel de detalle y optimizar su transferencia al mercado asegurador.
  2. Estrategia flexible y ágil para hacer frente a contingencias como desastres naturales y adaptarse a las demandas emergentes de los consumidores. La flexibilidad ha sido clave para modificar la estrategia comercial, las ofertas y la forma de trabajar durante los últimos 18 meses. Sin capacidad de adaptación es complicado competir en el contexto actual.
  3. Innovación para crear valor. En el último año ha sido necesario reinventar la figura del gestor de riesgos y crear nuevos protocolos de seguridad para aportar tranquilidad al cliente y generar confianza, así como reducir los riesgos cibernéticos en un entorno de teletrabajo. La innovación ha sido clave para que el sector esté hoy en una tendencia muy diferente a la de hace un año.
  4. Sostenibilidad. Es importante tanto cuidar a las personas, desde el cliente a toda la cadena de proveedores, como cuidar al medioambiente, avanzando hacia la economía circular y compensando los impactos que tiene la industria, porque así lo demanda la sociedad y los usuarios.
  5. Atracción y retención del talento que marque la diferencia. La innovación, la flexibilidad, los nuevos modelos de trabajo híbrido y la sostenibilidad son clave para atraer al talento más joven y tienen también ventajas desde el punto de vista de la operatividad y la productividad. El sector debe apostar por incorporar a los perfiles adecuados para dar respuesta a los retos de la digitalización y de la irrupción de las nuevas tecnologías.

El sector turístico está en constante evolución y los consumidores son cada vez más exigentes. En un contexto de recuperación gradual de la actividad, la industria está obligada a mantener un proceso de innovación continuo y adoptar estrategias flexibles que permitan adaptarse a los cambios y gestionar mejor los riesgos derivados de la situación sanitaria y del cambio climático, pero también los asociados a la ciberseguridad o a la responsabilidad civil.

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