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La Agenda 2030 encara la recta final para alcanzar la sostenibilidad medioambiental

Rectangules
3 de junio de 2021

Tiempo de lectura
8 minutos

Edición editorial:

Juan F.Samaniego

El 25 de septiembre de 2015, la Asamblea General de la ONU adoptó la Agenda 2030. Un total de 193 países la apoyaron entonces, comprometiéndose a cumplir 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y 169 metas concretas antes del año 2030. Desde entonces, el progreso ha sido desigual y, en algunos casos, incluso se ha desandado el camino avanzado en los últimos años. La próxima década será decisiva para saber hasta qué punto el mundo puede alcanzar un desarrollo sostenible y respetuoso con el medioambiente y las personas.

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¿Qué es la Agenda 2030?

La Agenda 2030 es una hoja de ruta para unificar las acciones y las políticas de todos los países, empresas y organizaciones del mundo alrededor de una serie de objetivos comunes. Estos persiguen, a grandes rasgos, avanzar en la igualdad, proteger el medioambiente y asegurar la prosperidad de todas las personas.

Esta hoja de ruta se articula en 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), que van desde la erradicación de la pobreza hasta la acción climática. Estos se dividen, a su vez, en una serie de metas concretas que buscan la implicación de la sociedad en su conjunto, de las personas individuales a los gobiernos, pasando por las grandes empresas y todas las organizaciones civiles.

La mitigación del cambio climático y la protección del medioambiente son dos de los temas transversales de los 17 ODS

A nivel mundial, la integración de la Agenda 2030 en las políticas de los estados ha sido desigual. En la Unión Europea, los ODS sirven de guía para buena parte de las estrategias públicas y han jugado un papel importante en el diseño de los planes de recuperación de la pandemia. En España, los ODS están integrados en el gobierno bajo el paraguas del ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.

La mitigación del cambio climático y la protección del medioambiente son dos de los temas transversales de los 17 ODS, ya que se relacionan en mayor o menor medidas con todas las metas del desarrollo sostenible. Por ejemplo, es imposible reducir el hambre si las sequías y las inundaciones severas disparan la inseguridad alimentaria en todo el mundo. Aun así, existen seis objetivos que sí abordan específicamente problemáticas medioambientales.

Energía asequible, fiable y no contaminante

El ODS número siete está centrado en el sector energético y busca garantizar el acceso universal a una energía asequible, segura, sostenible y moderna, un objetivo que está en estrecha relación con la lucha contra el cambio climático y el impulso a la transición energética.

Busca, entre otras cosas, terminar con la pobreza energética (una situación en la que viven casi siete millones de españoles), garantizar el acceso a la electricidad en todo el planeta, impulsar las energías renovables y fomentar la inversión en investigación de nuevas fuentes e infraestructuras de energía.

De acuerdo con el último informe de la ONU sobre el avance de los objetivos de desarrollo sostenible, elaborado con datos previos a la pandemia, 789 millones de personas viven sin electricidad en todo el mundo y uno de cada cuatro centros de salud en los países en vías de desarrollo carece de electricidad. Entre los datos positivos, el informe destaca el avance de las renovables, que generan ya el 18% de toda la energía consumida en el planeta.

Ciudades y comunidades sostenibles

Más de la mitad de la población mundial vive ya en ciudades y a mediados de siglo lo hará cerca del 70%, según estimaciones de la ONU. La mayor parte del crecimiento urbano se producirá en los países en vías de desarrollo. Las ciudades ocupan solo el 3% de la superficie de la Tierra, pero consumen entre el 60% y el 80% de toda la energía y generan el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, ejercen una elevada presión sobre los suministros de agua dulce o la salud pública, entre otros aspectos.

El ODS 11 persigue metas como mitigar el impacto de los desastres y reducir la vulnerabilidad de las ciudades o reducir la contaminación del aire.

Así, las ciudades son uno de los pilares sobre los que se construyen las sociedades del presente y del futuro. Por eso, el ODS número 11 persigue lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. Entre las metas que integra este objetivo están garantizar el acceso a una vivienda digna, impulsar el transporte público, lograr que el crecimiento urbano sea sostenible, mitigar el impacto de los desastres y reducir la vulnerabilidad de las ciudades o reducir la contaminación del aire.

Según el informe de los ODS de la ONU, en la actualidad, la mitad de la población mundial urbana no tiene buen acceso a la red de transporte público (los puntos de acceso están a más de un kilómetro de su vivienda). Además, en 2018, la población urbana que vive en barrios marginales aumentó un 28% y la contaminación del aire provoca, cada año, cerca de siete millones de muertes prematuras.

Producción y consumo responsables

El actual sistema de producción y consumo, basado en el uso intensivo de los combustibles fósiles y en un enfoque lineal que empieza por la extracción de recursos y termina en forma de residuos, es uno de los grandes obstáculos en el camino hacia la sostenibilidad. Cada año, un tercio de los alimentos producidos termina en la basura o se estropea incluso antes de venderse. Cada semana, se desperdician más de 23 millones de kilos de comida.

El ODS número 12 persigue la gestión sostenible y eficiente de los recursos naturales, así como reducir los residuos y el desperdicio de alimentos. Este impulso a la sostenibilidad en la producción y el consumo quiere involucrar también a las empresas, por eso, algunas de las metas de este objetivo se centran en que las organizaciones adopten prácticas responsables e informen sobre ellas y en mejorar la educación para el desarrollo sostenible.

Aunque en algunos países se han producido avances en este sentido, en números globales la situación no ha mejorado. Según la ONU, la huella material mundial ha pasado de 73.200 millones de toneladas de recursos consumidos en 2010 a 85.900 millones en 2017. Además, los desechos electrónicos han aumentado un 38% en la última década, y solo un 20% acaba siendo reciclado adecuadamente.

Acción climática

En el último año, la lucha contra el cambio climático ha recibido un fuerte impulso desde los gobiernos de muchos países. La Unión Europea ha presentado políticas más ambiciosas, España acaba de aprobar su primera ley de cambio climático y Estados Unidos ha recuperado el liderazgo medioambiental, facilitando la implicación de otros muchos estados, como Japón o China.

La mayoría de países del planeta no cuenta con planes nacionales para reducir el impacto de los desastres naturales

El Acuerdo de París, firmado también en 2015 y dirigido a descarbonizar la economía mundial y ralentizar el calentamiento global es el documento de referencia en la acción climática global. El ODS número 13 buscar reforzar este mensaje e insta a adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y mitigar sus efectos (que suponen una fuente cada vez mayor de riesgos).

Entre las metas que establece el ODS 13, destacan la creación de planes de resiliencia y adaptación al cambio climático en cada país, la mejora de la educación y la sensibilización sobre los retos medioambientales y el apoyo a los países con menor nivel de desarrollo para que también puedan planificar sus estrategias climáticas.

A pesar de estos esfuerzos, la ONU recuerda que la mayoría de países del planeta no cuenta con planes nacionales para reducir el impacto de los desastres naturales; y que la inversión en combustibles fósiles sigue siendo mayor que la financiación que reciben las políticas de lucha contra el cambio climático.

Protección de los océanos y la vida submarina

Tres cuartas partes de la superficie de nuestro planeta están cubiertas de agua. Los océanos son fuente de sustento para más de 3.000 millones de personas. Más de 200 millones viven de la pesca y los recursos marinos y costeros generan un valor estimado superior a los tres billones de dólares, cerca del 5% del producto interior bruto mundial. La contaminación y la sobreexplotación están poniendo en jaque una de las grandes fuentes de riqueza de la humanidad.

El ODS número 14 busca mejorar la conservación de los océanos, apostando por un uso sostenible de los recursos marinos. Para ello, insta a todos los países a frenar las principales fuentes de contaminación marina antes de 2025 (tanto plásticos como nutrientes y fertilizantes químicos), regular la explotación pesquera y acabar con la ilegal y proteger al menos el 10% de la superficie de los mares de todo el mundo.

En este sentido, se han producido algunas mejoras en la última década. La protección de áreas clave para la biodiversidad marina (como los arrecifes de coral) aumentó del 30,5% en el año 2000 al 46% en el año 2019. Además, la pesca sostenible se ha convertido en una fuente de riqueza para la mayoría de pequeños estados insulares (sobre todo, en Oceanía) y 97 países han firmado el acuerdo internacional vinculante para erradicar la pesca ilegal.

Gestión sostenible de los ecosistemas terrestres

Al igual que sucede con los océanos, la riqueza y la supervivencia de las sociedades humanas está muy ligada a la salud de los ecosistemas terrestres. Más de 1.600 millones de personas dependen de los bosques para su sustento y otros 2.600 millones dependen de la agricultura, que cada vez se ve más afectada por la degradación del suelo. Además, la deforestación y la pérdida de biodiversidad no ha dejado de avanzar a nivel mundial, incluso durante el frenazo económico que ha supuesto el COVID-19.

La deforestación y el tráfico de vida salvaje supone serios riesgos para la salud humana, tal como ha probado un virus de origen animal como el SARS-CoV-2.

El ODS 15, el último de los objetivos directamente relacionado con el medioambiente, busca impulsar la gestión sostenible de los bosques, la lucha contra la desertificación y frenar la degradación de la tierra y la pérdida de biodiversidad. Aun así, los avances han sido escasos: más de 31.000 especies están en peligro de extinción y la deforestación y el tráfico de vida salvaje supone serios riesgos para la salud humana, tal como ha probado un virus de origen animal como el SARS-CoV-2.

La mayoría de estos grandes objetivos requieren de la implicación de los gobiernos y las grandes empresas, pero la sostenibilidad puede trabajarse a todos los niveles. Reducir el consumo energético, apostar por una movilidad responsable en el ir y venir al trabajo o mejorar la gestión de residuos en la oficina son pequeños cambios que también allanan el camino hacia un mundo más sostenible.

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