El riesgo de longevidad: qué es y cómo cuantificarlo

El riesgo de longevidad: qué es y cómo cuantificarlo

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Desde mediados del siglo XIX, la esperanza de vida al nacer ha crecido de forma gradual en todo el mundo. En los últimos 50 años, la longevidad se ha disparado a medida que aumentaba también la supervivencia en edades avanzadas. Lo que es, sin duda, una buena noticia para los seres humanos constituye una serie de desafíos para la sociedad. El envejecimiento de la población, el aumento del gasto sanitario y la sostenibilidad de las pensiones son algunos de ellos.

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La esperanza de vida y las pensiones

En 1990, la esperanza de vida al nacer en el mundo era de 65 años de media. Hoy es superior a 70, según los datos de las Naciones Unidas. Las medias, sin embargo, esconden las expectativas de longevidad más elevadas. En los países desarrollados, como es el caso de España, estas cifras son mucho más altas. En 2015, la esperanza de vida en España era de 82,8 años y en 2040 alcanzará los 85,8 años convirtiéndose en el país más longevo del mundo.

En el medio y largo plazo, no parece que la tendencia a vivir más años se vaya a frenar. Esto supone una serie de retos para la sociedad actual y futura. Por ejemplo, en las condiciones actuales del sistema de pensiones en España, con edades de jubilación alrededor de los 65 y 67 años, los jubilados del futuro dependerán de los fondos del Estado y de sus ahorros durante unos 20 años de media.

De hecho, la longevidad es uno de los factores más importantes sobre la mesa de discusión del futuro de las pensiones en España. Para financiar las pensiones de un número crecientes de pensionistas, las cotizaciones a la Seguridad Social deben aumentar al mismo ritmo. Si no, tal como ya hemos analizado en anteriores artículos, la sostenibilidad del sistema se ve perjudicada.

 

El riesgo de longevidad

Dejando a un lado el sistema público, la longevidad supone también un riesgo tanto desde el punto de vista de las personas como desde el punto de vista de las organizaciones que proveen las rentas vitalicias, como los fondos de pensiones.

Para financiar las pensiones de un número crecientes de pensionistas, las cotizaciones a la Seguridad Social deben aumentar al mismo ritmo

Además, para una persona que, por ejemplo, complemente su pensión pública con ahorros privados o un plan de pensiones, superar la esperanza de vida puede suponer llegar a esa última etapa reduciendo su poder adquisitivo. Al mismo tiempo, puede ver cómo se incrementan los gastos médicos o aquellos derivados de los cuidados.

El llamado riesgo de longevidad (la incertidumbre acerca de la evolución futura de la mortalidad) influye también en la sostenibilidad y el negocio de los seguros de vida y los proveedores de pensiones. De la gestión de este riesgo depende directamente su capacidad para cumplir sus obligaciones de pensiones. De hecho, la longevidad es hoy el riesgo de mayor impacto en los planes de pensiones.

De la gestión del riesgo de longevidad depende directamente la capacidad de los seguros de vida y proveedores de pensiones para cumplir sus obligaciones

 

¿Cómo cuantificar el riesgo de longevidad?

Comprender y medir el riesgo real de longevidad es esencial para prever los pagos futuros de un plan de pensiones y anticiparse a las consecuencias de diferentes escenarios de mortalidad. Conocer el origen del riesgo, sus fuentes y poder compararlos con otros riesgos contribuye a que los fondos de pensiones y entidades aseguradoras tomen mejores decisiones y elijan entre los diferentes instrumentos para gestionar el riesgo de longevidad, como los bonos de longevidad o mortalidad o los swaps de longevidad.

Hoy en día, a través de diferentes programas de modelado, se pueden analizar los riesgos de multitud de escenarios de longevidad individuo por individuo. Estos modelos sirven para proyectar los flujos de efectivo del plan de pensiones en el futuro y estudiar así los resultados probables en función de cada escenario de mortalidad. Así, las compañías fiduciarias y los corporate sponsors pueden determinar sus prioridades a la hora de gestionar el riesgo.

 

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