¿Cómo cambiarán los robots el futuro del trabajo y de las pensiones?

¿Cómo cambiarán los robots el futuro del trabajo y de las pensiones?

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Han pasado casi 60 años desde que el primer robot entró en una fábrica. Corría 1961 cuando Unimate, con sus 1.200 kilos de peso, empezaba a trabajar en la planta de General Motors en Nueva Jersey, Estados Unidos. Son casi seis décadas en las que los robots han pasado de ser una anécdota futurista a convertirse en el presente de muchas industrias. En el futuro a medio plazo, amenazan con poner patas arriba el sistema de trabajo tal y como lo conocemos.

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El año pasado, se fabricaron y vendieron 381.000 robots a nivel mundial. En todo el planeta, según datos de la Federación Internacional de Robótica, ya hay más de dos millones de robots industriales en uso. Es decir, robots que desempeñan tareas que antes hacía una persona. En España, que no es un país excesivamente robotizado (aunque sí por encima de la media), ya hay 160 robots en uso por cada 10.000 empleados.

El impacto de la tecnología en el entorno laboral es todavía mayor si ampliamos el foco e incluimos en la ecuación no solo la robótica, sino también la inteligencia artificial. El transporte autónomo, la gestión inteligente de las ciudades o la algoritmización de la administración, entre otros, son factores a tener muy en cuenta cuando se analiza el futuro del trabajo y del estado de bienestar, del cual las pensiones son un pilar fundamental.
 

El futuro del trabajo y los robots

Aventurarse a predecir las consecuencias futuras de una innovación tecnológica es siempre complicado. Aun así, parece claro que la robotización masiva de la industria y la automatización de cada vez más tareas tendrá un impacto profundo en la forma en que entendemos y organizamos el trabajo. Serán necesarios nuevos empleos y se destruirán muchos puestos de trabajo.

Según el informe Workforce Transition in a Time of Automation, del McKinsey Global Institute, entre 75 y 375 millones de empleos tradicionales desaparecerán en la próxima década (entre el 3% y el 14% del global). Como contrapunto, el Foro Económico Mundial, en su informe The Future of Jobs, predice que se crearán 133 millones de nuevos puestos de trabajo como consecuencia directa del desarrollo económico impulsado por la automatización.

La Organización Internacional del Trabajo señala que es importante delinear estrategias para asegurar el futuro del trabajo y el reparto de una riqueza que aumentará con la automatización.»

El saldo bruto de estas cifras es positivo. Sin embargo, es bastante más complicado que un número. Los robots absorberán los trabajos más mecánicos y menos cualificados (como, por ejemplo, la mayoría de las tareas en una cadena de montaje). Y, al mismo tiempo, los nuevos empleos requerirán trabajadores humanos más preparados y cualificados, preparados para adaptarse a los cambios tecnológicos y, probablemente, con mayor capacidad de movilidad geográfica.

De hecho, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el informe El futuro del trabajo que queremos, señala que es importante delinear estrategias para asegurar el futuro del trabajo y el reparto de una riqueza que, en teoría, aumentará con la automatización. Es decir, asegurar que el progreso tecnológico no menoscabe los pilares del estado de bienestar.
 

La inteligencia artificial y las pensiones

La relación entre empleo y muchos elementos del estado de bienestar es directa. Tal es el caso de las pensiones, cuyo primer pilar, el sistema público, se financia directamente a través de las contribuciones de los trabajadores. Dado que la creación y la destrucción de empleo consecuencia de la robotización se dará de forma desigual, es esperable que se generen algunos desequilibrios en este sistema de financiación de las pensiones.

En el caso concreto de España, donde el segundo pilar (los planes de empresas), el tercero (los ciudadanos) y el cuarto (las soluciones de ahorro innovadoras) no tienen todavía mucha presencia, una hipotética reducción en las cotizaciones impactaría de forma inmediata en la sostenibilidad del sistema de pensiones.

La robotización y la inteligencia artificial tendrán (y están teniendo ya) un impacto profundo en el mercado laboral y en todos los elementos que se sustentan en este.»

 

El futuro de las pensiones: Desafíos que supone la automatización del trabajo

De hecho, el pasado mes de febrero, el Pacto de Toledo recomendó a través de un borrador la búsqueda de alternativas de financiación de la Seguridad Social como consecuencia de la robotización. “Si la revolución tecnológica implica un incremento de la productividad, pero no necesariamente un aumento del empleo, el reto pasa por encontrar mecanismos innovadores que complementen la financiación de la Seguridad Social”, señala el documento.

En esta línea se trabaja también desde la Unión Europea, donde se debate si dotar de personalidad jurídica a los robots para que estos paguen impuestos directamente o imponer una serie de tasas a las empresas en función de su grado de automatización.

Por otro lado, la propia inteligencia artificial puede proponer soluciones ante estos desafíos. El aprendizaje automático aplicado al diseño de productos para la jubilación y el asesoramiento automatizado, o la algoritmización de los sistemas financieros y las plataformas de inversión pueden servir para rentabilizar mejor el ahorro privado y complementar así un sistema público debilitado.

En definitiva, la robotización y la inteligencia artificial tendrán (y están teniendo ya) un impacto profundo en el mercado laboral y en todos los elementos que se sustentan en este. El futuro de las pensiones no está libre de los desafíos que supone la automatización del trabajo. 
 

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