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Las finanzas conductuales: ¿cuánto de irracional hay en nuestras inversiones?

Rectangules
22 de febrero de 2022

NUESTROS EXPERTOS:

Tiempo de lectura
4 minutos

Edición editorial:

Juan F.Samaniego

Los agentes económicos son racionales y egoístas. Es decir, toda aquella persona o entidad que participa de alguna forma en una actividad económica, desde una compra en el mercado hasta una inversión en la bolsa, lo hace movida por sus propios intereses y siempre desde la racionalidad. Esta es la visión de la mayoría de enfoques tradicionales de análisis financiero. Sin embargo, ¿tomamos siempre decisiones tan racionales? Las finanzas conductuales o la economía del comportamiento sostiene que no.

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“Para un economista, las decisiones que toman los agentes económicos son racionales y buscan maximizar la utilidad, mientras que para un psicólogo es evidente que las personas no son ni enteramente racionales, ni enteramente egoístas, y que sus gustos son cualquier cosa menos estables”, sostiene Daniel Kahneman, premio Nobel de economía cuyo trabajo sobre la psicología de la toma de decisiones marcó el desarrollo de la economía del comportamiento. Así, ¿podemos llegar a entender nuestros sesgos y la irracionalidad de nuestras decisiones?

Las finanzas conductuales: claves de las decisiones irracionales

La economía del comportamiento es una rama del estudio de la economía desarrollada fundamentalmente en el siglo XXI y que estudia tanto las decisiones microfinancieras como el comportamiento de los mercados. Sin embargo, a pesar de su aparente modernidad, las finanzas conductuales hunden sus raíces en teorías y estudios anteriores, tanto del siglo XX como del XIX. Incluso algunos estudios señalan que Adam Smith, ya en el siglo XVIII, estableció algunos planteamientos similares a los de la economía conductual.

Las finanzas del comportamiento parten, entre otras, de la teoría de la racionalidad limitada, desarrollada en el siglo XX. Esta asume los límites del conocimiento y la capacidad racional de las personas y estudia cómo estos afectan a la toma de decisiones. Los seres humanos a veces actuamos movidos por la razón, pero otras son las emociones las que rigen nuestros actos. Nunca tenemos toda la información sobre una situación ni tampoco la interpretamos siempre de la misma manera.

La teoría de la racionalidad limitada nos dice que, a la hora de hacer una inversión, no analizamos todos los instrumentos disponibles en el mundo, sino aquellos que están a nuestro alcance o nos dan más confianza.

Llevado a un ejemplo concreto, la teoría de la racionalidad limitada nos dice que, a la hora de hacer una inversión, no analizamos todos los instrumentos disponibles en el mundo, sino aquellos que, por la razón que sea, están a nuestro alcance, nos son más conocidos o nos dan más confianza por el experto que nos los explica o recomienda.

Otra de las teorías que dan forma a la economía conductual es la prospectiva, desarrollada también en el siglo XX por Kahneman y Amos Tversky. Esta estudia cómo tomamos decisiones en situaciones de riesgo. Sostiene que los seres humanos no somos siempre aversos al riesgo (como defiende el enfoque tradicional de las finanzas) sino aversos a las pérdidas. Por lo general, preferimos ganar a perder y, muchas veces, preferimos no ganar a arriesgarnos a perder. En función del valor que le demos a las pérdidas y a las ganancias asumiremos más o menos riesgo.

Sesgos y errores más comunes a la hora de invertir

Asumiendo nuestra racionalidad limitada, los diferentes perfiles de aversión a las pérdidas y, en definitiva, que nuestras decisiones están a menudo marcadas por sesgos cognitivos y emocionales, ¿cuáles son los errores más comunes a la hora de invertir?

  • Sesgo de confirmación. Este sesgo cognitivo afecta a muchas de las decisiones que tomamos a diario, no solo las financieras. Simplemente, nos sentimos más cómodos escuchando a aquellos que piensan como nosotros, por lo que tendemos a buscar y hacer caso a aquella información que nos da la razón. Esto nos lleva a descartar los datos negativos y las críticas para autoconvencernos de que hemos tomado la mejor decisión.
  • Sesgo de ilusión de control. Todo lo que sucede a nuestro alrededor está marcado por eventos más o menos aleatorios, sucesos sobre los que no tenemos el control. Sin embargo, nuestro cerebro no asume bien esta realidad y tiende a pensar que sí está al mando de todo. A nivel financiero, esta ilusión de control nos puede llevar a errores como asumir un nivel de riesgo demasiado elevado para nuestro perfil, solo porque confiamos en nuestra decisión inicial.
  • Sesgo de experiencia reciente. Tendemos tener más en cuenta lo que ha pasado hace poco que lo que ha pasado hace mucho. Además, tendemos a darle más valor a nuestra experiencia que a lo que nos dicen las estadísticas, pensando que esta es representativa de todo. Este sesgo nos puede llevar a extrapolar nuestra propia experiencia y hacer predicciones erróneas (y, como resultado, hacer malas inversiones).

El exceso de confianza es uno de los sesgos más peligrosos a la hora de invertir, ya que nos lleva a pensar que sabemos más de lo que en realidad sabemos.

  • Sesgos de exceso de confianza y de atribución. Estos son dos tipos de sesgos emocionales. El primero tiene que ver con nuestra tendencia a sobreestimar nuestras habilidades. ¿Conducimos mejor o peor que la media? La gran mayoría de los ciudadanos piensa que lo hace mejor. Es uno de los sesgos más peligrosos a la hora de invertir, ya que nos lleva a pensar que sabemos más de lo que en realidad sabemos. El sesgo de atribución está relacionado con el anterior y es el que nos lleva a pensar que nuestros éxitos son cosa nuestra y se deben a nuestras capacidades, mientras que nuestros fracasos son culpa de otros o de circunstancias ajenas. A nivel financiero, nos puede llevar a diversificar menos, ser demasiado prudentes y evitar la autocrítica.
  • El efecto rebaño. Muchos de los sesgos emocionales están influidos por factores sociales. El caso más paradigmático es el efecto rebaño. Crecemos aprendiendo de los demás, imitando aquellos comportamientos que consideramos más exitosos. Como consecuencia, lo que sucede en nuestro entorno nos condiciona mucho a la hora de tomar decisiones de inversión. Una de las principales consecuencias de este efecto rebaño es la generación de burbujas: si todo el mundo invierte en un activo a nuestro alrededor, nosotros también.

Estos son solo algunos de los errores más comunes (pero no los únicos) a la hora de invertir, sesgos estudiados por las finanzas del comportamiento. Los seres humanos no somos máquinas perfectamente racionales, así que, antes de tomar decisiones financieras, vale la pena pararse a reflexionar un momento cuánto de emociones y cuánto de información sesgada hay en ellas.

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