Digitalización en el sector energético: beneficios y riesgos

Digitalización en el sector energético: beneficios y riesgos

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La digitalización llega siempre acompañada de promesas de mejora para la industria. Más eficiencia, mayor flexibilidad, reducción de costes, mayor resiliencia… Sin embargo, se habla mucho menos de los riesgos que implica. Para obtener los máximos beneficios del uso de la tecnología en la industria y, en particular, de la digitalización en el sector energético, no deben subestimarse los riesgos.

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Según el World Economic Forum, la digitalización de las industrias del gas y del petróleo podría suponer entre 1,6 y 2,5 billones de dólares de beneficio a lo largo de la próxima década. Además de las promesas económica, la digitalización llegará acompañada de mejoras en la seguridad, la salud de los trabajadores y el impacto ambiental. Ante estos pronósticos, ninguna organización quiere quedarse rezagada.

Sin embargo, según el Energy Market Review 2019 elaborado por Willis Towers Watson, la industria energética ha reportado pérdidas en el último año. Y lo ha hecho, en gran medida, debido a que la revolución tecnológica todavía no ha llegado a muchas instalaciones. ¿Resolverán la digitalización y la automatización los desafíos a los que se enfrenta el sector energético?
 

La tecnología y la producción energética

De acuerdo con el informe de Willis Towers Watson, no afrontar los riesgos que implica la modernización de la industria puede suponer perder el tren de la digitalización. Algo que ha quedado patente a lo largo de la historia. El sector energético siempre ha estado entre los pioneros a la hora de integrar las nuevas tecnologías y, sin embargo, arrastra una serie de desafíos transversales.

“La innovación ha mejorado el rendimiento y la rentabilidad de las instalaciones energéticas. Sin embargo, cada tecnología ha presentado desafíos en el proceso de implementación. La industria tiene un historial de rápida adopción tecnológica, pero también de desafíos en su implementación”, señala el Alan McShane, Head of Engineering at Willis Towers Watson Natural Resources, en el informe. “Se debe tener cuidado al tener en cuenta las nuevas tecnologías. Dado que los beneficios potenciales son grandes, los riesgos podrían ser también mayores”.

En el futuro cercano, tecnologías como el machine learning y la inteligencia artificial, el mantenimiento predictivo o el Internet de las Cosas prometen grandes cambios. Y la mayoría giran alrededor de la pérdida de peso del elemento humano en la gestión de recursos e infraestructuras energéticas. Es decir, la menor presencia de trabajadores para controlar los activos de la industria.

Se debe tener cuidado al tener en cuenta las nuevas tecnologías. Dado que los beneficios potenciales son grandes, los riesgos podrían ser también mayores

Esta automatización podría reducir los riesgos derivados de los fallos humanos. Pero plantea otras preguntas que necesitan respuesta. ¿Quién tiene el control de una planta energética? ¿Quién está detrás de las decisiones? ¿O quién será el responsable de intervenir en un caso de emergencia?
 

Los riesgos de la digitalización en el sector energético

La digitalización no librará al sector energético de los riesgos más tradicionales, como explosiones o fugas de gases. Aun así, es probable que la tecnología reduzca el impacto de dichos riesgos. Sin embargo, la digitalización implica nuevos desafíos.
 

1. Velocidad de adopción tecnológica

El riesgo de perder competitividad si no se apuesta por la digitalización de una forma clara puede inducir a las organizaciones a apostar por una rápida adopción tecnológica. Sin embargo, como todo cambio, este debe producirse de forma organizada. Si no se tienen en cuenta los riesgos de la digitalización, la propia tecnología puede convertirse en una barrera en sí misma. Los nuevos procesos y herramientas necesitan tiempo para ser completamente adoptados por la organización y sus empleados.

La digitalización necesita empleados con nuevas habilidades y conocimientos que no siempre están disponibles en el mercado laboral

 

2. Control y gestión de la transición

El periodo de transición es especialmente delicado por la posible aparición de riesgos operativos. Por ello, la transición debe ser gestionada muy de cerca, controlando cualquier riesgo imprevisto que pueda emerger. Procedimientos de gobernanza industriales como el Management of Change (MoC) pueden contribuir a esta transición controlada.
 

3. Habilidades y talento de la plantilla

La relación entre digitalización y trabajo se articula en dos grandes ejes. Por un lado, la tecnología y la automatización sustituirán buena parte de los puestos de trabajo que actualmente desempeñan seres humanos. Por otro, la digitalización necesita empleados con nuevas habilidades y conocimientos que no siempre están disponibles en el mercado laboral.

Estos riesgos afectan a toda la plantilla, incluyendo los roles ejecutivos, cuyas funciones y responsabilidades también cambian por motivo de la digitalización. Ninguno de estos cambios debe menospreciarse. Las organizaciones tienen que asignar los recursos necesarios para la formación de sus empleados de cara al futuro.

Para Alan McShane, estos tres son los desafíos más inmediatos. Sin embargo, la digitalización implica otra serie de riesgos en el medio plazo. Los ciber riesgos se dispararán a medida que aumente la automatización y conectividad de las plantas de energía. La detección de errores en la producción se volverá más complicada cuantas más decisiones sean tomadas por algoritmos en lugar de personas. Y, por último, debe definirse claramente quién es el responsable de cada acción, un desafío transversal a todos los procesos de automatización.
 

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